Parece mentira que, con tan sólo 9 meses, mi enana pueda tener tantos juguetes siempre de por medio. El comedor de mi casa se ha convertido en un campo de minas que pitan, hacen música y ruedan y conforme más se mueve la niña, ahora ya gatea como toda una profesional, el desorden se va extendiendo al pasillo, a mi habitación, a la suya, al baño... Vamos, que no queda estancia que se libre. Así que hay que poner algo de solución al tema, dentro de lo posible.
