Mi experiencia
con el trapillo, al igual que con el ganchillo, es corta. Nadie me creía cuando
les decía que era una negada con el tema, les resultaba imposible creer que
alguien no fuera capaz de aprender y se empeñaban en enseñarme. A la hora de
estar intentándolo desistían y me decían que tenía razón, que era una negada
para el ganchillo.
