Desde hace mucho tiempo, por lo menos tres meses o más, tengo una lata pintada con pintura a la tiza en lo alto de un armario. El propósito de dicho trabajo era engordar la colección de latas para cápsulas de café y su destino, esta vez, era casa de mi cuñada, que a estas alturas de la película ni se debe acordar. Pero como no encontraba como darle el toque final terminó donde terminó, cogiendo polvo.
