15 de diciembre de 2016

A TORTAS CON EL DOCOUPAGE

Entre el puente, la falta de tiempo y los desánimos he estado un par de semanas fuera de cobertura, sin hacer ningún trabajo y, por lo tanto, sin publicar nada. La verdad, en ocasiones, entre unas cosas y otras me dan ganas de tirar la toalla, sobre todo cuando leo algunos comentarios que me hacen más mal que bien, pero disfruto con esto y al que no le guste, pues lo siento. Pero la cuestión es que ya estoy aquí de nuevo.


Y esta semana no os traigo ningún gran trabajo, la verdad, no quiero engañar a nadie. Os quiero contar mi primer contacto con una técnica a la que le tenía ganas desde hace ya algún tiempo, EL DECOUPAGE.

Como ya os he dicho, hacía ya tiempo que quería probar esta técnica. Veo trabajos tan bonitos por la red que me llamaba mucho la atención y mirando aquí y allá tampoco me pareció especialmente complicado. Todo eso sumado a que tengo muuuuuuchas latas, pero muchas, muchas, y que como soy un tanto desastre y nunca  se dónde deje la última vez los pinceles, los lápices, las agujas, las tijeras, etc., decidí hacerme un par de latas con decoupage, para probar y para poner un poco de orden en mi material.

"Pues vaya cosa...", diréis más de uno. "Bah! Decopuage, que fácil", diréis otros. Si, ya sé que a la mayoría no les descubro nada y que tenéis la técnica más que dominada. Ya os lo he dicho, no vengo a dar lecciones, jeje!


Así que me armé con todo el material necesario: cola, pincel, tijeras, mis latas y unas servilletas que compre en IKEA hace ya algún tiempo con la intención de usarlas algún día.

Siguiendo las indicaciones de algunas de vosotras, primero pinto las latas. Mido las servilletas para saber por dónde tengo que cortar y separo las capas. ¿Hasta aquí todo bien, no? Pero a partir de aquí empieza mi pesadilla, por llamarlo de alguna manera.


Empiezo a encolar la lata y a pegar la servilleta con todísimo el cuidado del mundo, pasando suavemente más cola sobre ella, para que no se rompa, no se arrugue... Pero, tonta de mí, no pensé en que hay unas lindas hendiduras que rodean la lata, no conté con ellas y ahora me falta papel en la parte de abajo. 

Lo despego todo, que todavía estoy a tiempo y esta vez decido no cortar nada hasta que no termine y este todo seco. Empiezo de nuevo y esta vez parece que todo va bien, hasta que tengo que empezar a girar el trabajo para seguir avanzando y se me empieza a pegar todo sobre lo que ya estaba puesto, al intentar despegarlo, se me rompe la servilleta y se me arruga todo lo que ya tenía puesto... Vamos, que si llega a verme alguien se parte de risa.


A la tercera va la vencida, o eso dicen por que vuelve a pasar lo mismo. Miro la mesa, hay un montón de papel lleno de cola hecho un gurruño sobre ella, mis manos están pringadísimas de cola de poner y quitar papel y, para colmo, la peque se despierta y empieza a llorar. "¿Qué hago?", pienso. Pues tirar para adelante y que sea lo que tenga que ser... Y ésto es lo que fue, jejejeje!!!


Como parece que no tuve suficiente, aun me puse con la segunda con la esperanza de que se me diera mejor. No quise malgastar las bonitas servilletas de antes y aproveche unas rojas, lisas, que tenía por casa. La cosa fue peor, puede que por los nervios, y al secar vi que tenía un montón de rotos por todas partes. Para "disimular" la tuneé un poco, con unas pinzas y unos botones. Si, ya se, un poco recargada y sosa...


Para la próxima, que no desisto, probare con algo más plano y con trozos pequeños, que quizá es lo que tendría que haber hecho desde el principio, pero en ocasiones me dejo llevar por la emoción del momento y luego me pasan estas cosas, dignas de una película de situación en las que piensas que el prota es un tanto patoso. Pues esa soy yo, que le vamos a hacer.

Espero traeros algo mejor la semana que viene, que ya os digo que si desde ya.

Compartamos y disfrutemos juntos.


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